18 de enero de 2007

RIQUIMBILI

La primera vez que escuché esta palabra tan sonora, mero italiano postizo, me sonó a chirigota de Cádiz de corte caletero. Pero no, era exactamente de Cádiz, sino de Cuba, adonde se ha epicentro mundial del ingenio tanto de palabras. Las necesidades agudizan el ingenio, y cuando no hay transporte hay que arreglárselas.



El riquimbili se parece a una moto, aunque orginalmente era una bicicleta china, a la que se le implanta un antiguo motor soviético y se le coloca un tubo metálico como tubo de escape. Lo más curioso a la vista es que el depósito de gasolina es un botella de refresco para poco más de un litro, que será por supuesto de combustible venezolana de alto octanaje bolivariano, que somos hermanos. Claro que con un litro hay para cien kilómetros, pero los frenos de la bicicleta apenas sirven para reducir la velocidad. Un transporte para intrépidos con necesidad, pura tecnología revolucionaria en el eterno 'periodo especial' de la excepción autoritaria.

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