11 de febrero de 2007

ALCANCÍA



Desde niño tomé la costumbre de echar cinco duros en la arcancía cada vez que recibía la paga semanal. Pensaba que ahorrando podría comprarme algunos caprichos, me gustaba mucho leer y mi sueño era ir a la universidad. La arcancía era de cerámica, una especie de cerdito asexuado con ojos dislocados, como sabedor de que su riqueza estaba en su interior y no en sus pezuñas negras. Fui creciendo y soñando con el placer de romper la arcancía un buen día y cumplir algún capricho oscuramente literario. Pero pasó bastante tiempo para eso, llegó el euro y yo terminé la universidad, el dinero era poco y además yo ya estaba entregado a los créditos rápidos y los trabajos mal pagados. En la universidad aprendí súbitamente que arcancía no se escribía con erre sino con ele, yo lo achaqué al dulce acento andaluz de mi pueblo. Eso ya no importa. Ahora ya hablo bien inglés y sé mucho del aranajado fresh banking.

No hay comentarios: