17 de abril de 2007

ARMAS DE FUEGO

El debate sobre las armas de fuego y la cultura de la violencia no surge de las películas violentas o de las series de televisión de investigaciones forenses. Un sujeto enloquecido ha matado a 32 personas en una universidad virginiana; la policía, los investigadores, los psicólogos y cientos de profesionales aportarán su opinión y conocimiento para analizar este suceso. Para que no vuelva a suceder, hasta que ocurra de nuevo con otra intensidad, en otro lugar.

Así, los asesinatos se convierten en sucesos trivializados, aparecen en el programa Gente justo antes de la Pantoja. Pero las balaceras en televisión no se parecen a las de verdad. El sonido real de un disparo tiene otras connotaciones bien distintas que los disparos de sofá: la balacera mata, los actores mueren muchas veces pero las personas sólo una. El hecho real es doloroso, llega a los medios, agita las conciencias, preocupa a los gobiernos, pero también ofrece modos de recreación, como los sucesos de Puerto Hurraco llevados al cine. Sin embargo, hay otro lado de Reservoir dogs y sangre fácil.

Con mil dólares cualquiera puede adquirir un arma. El resto es mimetismo y azares macabros.

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¡Qué difícil es guardar un secreto! Al menos hasta el próximo jeudi matin.


Probablemente no todas las negociaciones sean iguales, ni siquiera homologables en términos periodísticos, aunque se sigan denominándose de igual forma, negociaciones. Quien negocia es un gobierno, no un estado.

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