7 de septiembre de 2007

MARSÁ Y EL KGB (II) La última huelga de hambre

Marsá inició su última huelga de hambre a finales de julio, en la plaza del Carmen ante el Ayuntamiento de Granada. “O el estadio o el cementerio”, tituló El País, pero luego no fue para tanto, apenas duró dos días, del 25 hasta la noche del 27 de julio. Al martes siguiente, Marsá llegaba a un acuerdo con el Ayuntamiento de Motril, también regido por PP, aunque este matiz político ya poco le importaba a pesar de las críticas constantes al consistorio granadino.

Esta última tentativa contaba con un cartel reivindicativo, del que reproduzco literalmente el texto. No tiene desperdicio.

“Señor Rajoy:

Granada lleva cerca de 30 años sin fútbol de 1ª o 2ª división [este dato no es correcto]. Ahora tenemos la oportunidad. Sin embargo, por un capricho personal del alcalde, se nos impide utilizar un bien público de todos, se nos niega la utilización del campo municipal de Los Cármenes, lo que nos impide jugar en Segunda División A en Granada [capital].

Esta decisión va contra la voluntad de la mayor parte de los ciudadanos. Sólo el interés personal del alcalde y de José Julián Romero priman en esta actitud, que podía [quiso decir podría] constituir un delito de prevaricación del primer edil y los concejales del Partido Popular. Además, para justificar estas arbitrariedades, el alcalde ha mentido a los granadinos.

¡No lo permita! Lo peor, no es que como consecuencia al Partido Popular en Granada no le van a votar en las elecciones generales ni en las autonómicas, ni sus afiliados. Lo pero es el daño deportivo, económico, social, turístico y de imagen que se hace a Granada.

Usted recientemente cogía firmas y se quejaba de que no le hacían caso
.

¡Intervenga! ¡Medie! ¡Rectifiquen! ¡Resuelva por favor! ¡No tolere esto!

Un atento saludo y gracias.

Fdo. Carlos Marsá Valdovinos”.

La semántica y la sintaxis de la carta son espeluznantes. También lo son las observaciones que hace del tipo “no le van a votar en las elecciones generales ni en las autonómicas, ni sus afiliados” o “un capricho personal del alcalde”.

- ¿En Granada se vota atendiendo a lo que dice quizá ese este líder de opinión?

El esquema de ideas de la quimera de Marsá tiene dos vertientes: la ciudad de Granada como sujeto de preocupación simulada; y por otra parte el fútbol entendido como bien social pero gestionado por (sus) manos privadas, siempre cercanas a la calidez del intervencionismo provinciano que lo invade todo para el bien de todos.

Marsá defiende esta idea de fútbol como bien social en primera persona del plural, como arrogándose la representación ciudadana de un colectivo que sólo él conoce en su universo de proyectos, deportivos y no sólo deportivos. La mención directa de Rajoy, “usted recientemente cogía firmas”, y el pleonasmo de “un bien público de todos” completan la redacción megalómana y alocada de esta epístola hambrienta de publicidad. El fútbol español a veces propicia que personajes como estos se creen aforados sociales, personas con patente de corso para hacer lo que les venga en gana y presionar a los ayuntamientos.

Hacer una huelga de hambre delirante, de dos días de duración, con unos propósitos vanos que suenan a chiste mil veces repetido, chocan en el recuerdo cercano del chantaje de Juana Chaos y otras tragaderas.

Todas la huelgas de hambre fueron distintas, aunque siempre por una “buena causa”. La primera fue en 1993, ante la antigua sede de La General en la plaza Villamena. Por entonces Marsá era un mesías deportivo con bigote de herradura al estilo de Charles Bronson, que reivindicaba una subvención de la entidad crediticia para su proyecto deportivo con niños.

Dos años más tarde, en 1995, inició otra huelga de hambre, más sonada que la anterior, ante el Ayuntamiento entonces regido por Gabriel Díaz-Berbel (PP), conocido popularmente en Granada como Kiki. Aquella huelga dio lugar a ciertas anécdotas de los periodistas deportivos granadinos: “Ha sido la única persona en el mundo que pesaba más al acabar la huelga de hambre que al principio”. Aquellos bocadillos nocturnos no fueron debidamente inmortalizados en imágenes.

Las hemerotecas digitales de los periódicos apenas tienen información disponible de aquellos hechos, una auténtica pena, aunque El Mundo Deportivo sí ofrece algunos datos de background.

Otra huelga, esta vez sin pretensiones famélicas, tuvo como objetivo “salvar al equipo de baloncesto”. Era enero de 1998 y el esquema ya lo conocen. “Carlos Marsá, el presidente del Covirán Granada de baloncesto, inició ayer una huelga frente al Ayuntamiento. Tomó una manta, un saco de dormir y una esterilla y dijo que se quedaba a vivir allí para reclamar la inmediata recalificación urbanística de dos parcelas de su propiedad cuyos beneficios revertiría en el equipo de baloncesto”.

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