30 de septiembre de 2008

DONA ÓRGANOS

Os remito, henchido de humanitarismo donante, este poema de don Camilo José Cela escritor gallego a fuer de español. Un mostruo con tó las letras, vamos. Que en paz descanse, coño.

Nota: no se recomienda la lectura a mentalidades políticamente correctas. Pido disculpas por anticipado.



La Donación de mis órganos...

Quiero el día que yo muera

poder donar mis riñones,
mis ojos y mis pulmones.

Que se los den a cualquiera.
Si hay un paciente que espera

por lo que yo ofrezco aquí
espero que se haga así

para salvar una vida.
Si ya no puedo respirar,

que otro respire por mí.

Donaré mí corazón

para algún pecho cansado

que quiera ser restaurado

y entrar de nuevo en acción.


Hago firme donación

y que se cumpla confío

antes de sentirlo frío,

roto, podrido y maltrecho

que lata desde otro pecho
si ya no late en el mío.

La pinga la donaré

y que se la den a un caído
y levante poseído

el vigor que disfruté.


Pero pido que después

se la pongan en un jinete,
de esos que les gusta brete.

Eso sería una gran cosa
yo descansando en fosa

y mi pinga dando fuete.

Entre otras donaciones

me niego a donar la boca.
Pues hay algo que me choca

por poderosas razones.
Sé de quien en ocasiones

habla mucha bobería;
mama lo que no debía

y prefiero que se pierda
antes que algún comemierda

mame con la boca mía.

El culo no lo donaré

pues siempre existe un confuso
que pueda darle mal uso

al culo que yo doné.
Muchos años lo cuidé

lavándomelo a menudo.
Para que un cirujano chulo

en dicha transplantación
se lo ponga a un maricón

y muerto me den por el culo.


- o -

Marchando otra de refranes: "Ningún perdío va a menos".


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