1 de noviembre de 2008

MALOS TIEMPOS PARA LA CRÍTICA

Me topé con esta portada del último guamazo, que por cierto, mola mazo. Toda ella es sensibilidad revolucionaria, sedosa como una hoja de yagua que los guajiros emplean, oh, isla bucólica, como sucedáneo del papel higiénico que aparece en la cuota pero no en la bodega.

Guamá pertenece a ese tipo de publicaciones que se leen perfectamente cuando uno no tiene ganas de leer, esto es, es una revista de humor y crítica al estilo del Batracio Amarillo motrilense o de The Clinic, magacín chileno, como el buen pisco.

La (h)ojeada cibernética a The Clinic me lleva hasta un artículo interesante, Las muertes deseadas, un artículo de mi admirado Bayly, perdón, Baileys, que siempre lo escribo mal. En él Bayly realiza un recorrido lírico y sensible sobre todas aquellas muertes que algún día llegarán, porque siempre llegan, demasiado tarde para los hipocondríacos o demasiado pronto para los que no se aburrieron de vivir. Al final, tos calvos, que dice el reflán, es decir, que el momento biológico nos llegará a todos, incluso a tí, Fidel, que yo sé que me lees, hijolagranputa.

Pero yo quería hablar de otra cosa. Hace unas semanas escribí sobre Baileys o Bayly, ya no sé, y la entrevista que le realizó a Jomeini Losantos, perdón Jiménez, me traicionó el subconsciente conscientemente; luego el periodista turolense le devolvió el favor doblemente en la Cope y en Libertad Digital y tal.

Y creo que, realmente, la simbiosis liberal entre ambos personajes ha cuajado en una forma lírica que deberá ser estudiada, algún día, en las universidades andaluzas que tantos premios Nobel han dado a la historia de la Humanidad humana.

Veamos un fragmento:

"A Zapatero no me gustaría verlo morir, porque me cae bien sólo porque legalizó las bodas gays y tuvo el coraje de enfrentarse a los obispos y a las marujas del Corte Inglés (todas bien peinadas por peluqueros homosexuales a los que hacen confidencias desgarradas), pero sí me encantaría que, de pronto, atacado por un raro trastorno hormonal, se descubra gay, pero gay sin ambages, y se separe de Sonsoles, tan encantadora ella, y se case con Boris Izaguirre, que tendría que divorciarse de Rubén, lo que me haría tan feliz, y convertirse en la primera dama española venezolana de la historia".

Amén.

Todo es periodismo de buenas noticias, excepto cuando "no toca los huevos" above the line. Ahí está la libertad.

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En la hemeroteca de la Vanguardia, sigue habiendo grandes joyas pendientes de ser descubiertas.

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