2 de noviembre de 2009

TAN LEJOS A VECES

En enero de 2008 un periodista de El País confundió en una información a Juan Pablo Duarte con un líder pandillero violento. La polémica apenas tuvo repercusión en España, y elpais.com, -"el periódico global de noticias en español” según la nueva divisa- publicó unos días más tarde una nota de aclaración de Jeannette Alfau Ortiz, a la sazón presidenta del Consejo consultivo presidencia de los dominicanos en el Exterior.

La sensiblidad española hacia lo dominicano ha cambiado desde los tiempos de Enriquillo, pero aún es manifiestamente mejorable.


Subsanado el error, los periodistas también somos humanos, esta anécdota muestra el desconocimiento generalizado que tantos españoles tienen sobre la República Dominicana. Apenas unos tópicos sobre el ron y los placeres caribeños se mezclan con los recuerdos y las anécdotas que cuentan los turistas que han disfrutado sus vacaciones en algún resort en la costa criolla. Quizá alguna vaga idea sobre la llegada de Colón, el descubrimiento y la colonia... y poco más.

"Pero quién descubrió a quién", canta Juan Luis Guerra en una de sus canciones.

Más allá de los lugares comunes, existe un país vivaz, joven, que conocí y que me sorprendió agradablemente tras mi paso como cooperante por el Proyecto Canillitas con Don Bosco. Claro, con la experiencia de cruzar tantas veces la calle Logia Trinitaria en el barrio de Mejoramiento Social, Santo Domingo Este, no podía confundir la figura de Duarte por la de un pandillero, un tiguere cualquiera.

Desde esa perspectiva, me gustaría escribir y trazar un vínculo entre la Madre Patria y Quisqueya la bella, que no están tan lejos. Existen distintas Repúblicas Dominicanas, tan hermosas, tan humanas, y sin embargo desconocidas para la mayoría de visitantes europeos.

En este tiempo internet está acercando a los castellanohablantes de todo el mundo, aproxima los territorios y suprime en cierto modo las barreras nacionales para crear nuevos “continentes virtuales”. Es la mundalización o globalización, que está redefiniendo tantas cuestiones en este mundo cambiante. En ese ir y venir de informaciones, trabazón inacabable, que nos cuentan si llovió en Nagua York o si Moscú está más congelado que nunca, me gustaría hacer un hueco para hablar de estas dos orillas del Atlántico, sin caer en la falsa superioridad de tantas mentalidades europeas que apenas conocen la realidad dominicana.

Pero no se trata de hacer comparaciones sin sentido; cada país tiene sus peculiaridades. La misma raíz cultural que compartimos nos acerca y nos aleja en ocasiones, nos hace extraños en el mismo vagón de las palabras. Ese idioma que nos une también muestra ciertas características refractarias, que un niño canillita supo expresar muy bien cuando me preguntó, con asombro, cómo yo hablaba su mismo idioma siendo tan blanquito:

- ¿En España es que también se habla dominicano?
- De tó la vida- le contesté yo.

Y cuánta razón tenía el canillita.

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Reportaje de TV3 en 1990: Joaquín Balaguer y Juan Bosch, octogenarios ambos, luchaban por la presidencia del país en unas elecciones bastante peculiares. De fondo, la propaganda de "las obritas de Balaguer" que parece un precedente tropical y paternalista del Plan E.

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Sancocho, guandules, moro... gastronomía del Caribe en el Poble Sec barcelonés.

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