16 de marzo de 2010

MI MEMORIA HISTÓRICA TIENE TRES MIL AÑOS, ¿SABES?

"Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa.

Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio.

Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz... Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible.

Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada.

Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX... Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes?".



Comprendido, jefe, comprendido. No se puede decir con más claridad: lo afirmó en El Cultural Arturo Pérez Reverte hace unos días. La memoria histórica (más de dos millones de googles) forma parte de los pendulazos españoles, tan frecuentes en la Historia patria. Quizá los sociólogos en general, y los adictos al CIS en particular, vean en el asunto de la memoria histórica unas "corrientes de opinión" con fines particulares.

Sea como fuere, es agradable en este punto recordar cómo Alfonso XII, rey adolescente, fue recibido en Madrid en 1875 por una muchedumbre bulliciosa que festejaba su llegada: "Y Borbón al fin, saltándose el protocolo, provocó una anécdota que sería fabulosa si no fuera simplemente cierta: viendo Alfonso a unas mozas muy bullangueras, que se ganaban la vida en el mercado de la Plaza de la Cebada, cedió a su instinto político y se acercó caracoleando para agradecerles sus vítores. «¡Más gritábamos cuando echamos a la puta de su madre!», le explicó una moza enardecida.

Puro volkgeist.

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