14 de abril de 2011

EL ÚLTIMO GOLPE DE EFECTO (II)

En passant el día 14, lleno de consignas jartibles y dizque republicanas, siempre contadas a la manera que más interesa: leo sobre el 80 aniversario República en el sitio de Público.es, el periódico de MediaPro, ya sabes, camarada Melan. Todo se está poniendo muy violáceo. Incluso en el nuevo grafismo de BILDU se halla ese color, tan dado a ciertas sedicentes evocaciones románticas, partidistas y republicanas que esconden una mezcla de ideología decadente y de rencor histórico diferido.

La pieza sobre los 80 años de la II República, convenientemente cocinada en los informativos de TVE, trata de adaptar un capítulo de la Historia en el marco de un cierto discurso político actual derivado del concepto presidencial(ista) sobre la Memoria Histórica.

¿Y el periodismo que dice de todo esto? El periodismo queda en otro lado, cosas de minorías, en libros como Cuatro Historias de la República; en las querellas intelectuales entre hispanistas con datos y documentos de por medio. En la escritura de Trapiello y tantos autores.

Entre el lector y telespectador existe una distancia enorme, como de aquí a Lima: la que va desde la lectura comprensiva al solipsismo televisivo, esto es, esa extendida percepción en la que sólo existe aquello que sale por televisión y de la manera que lo cuentan. El oro de Moscú (en el enlace el vídeo completo) no existió. Así lo dijeron en la Sexta, El locutor Andrés Montes dio paso a otra voz que con toda seriedad anunció lo siguiente:

“Documentos de los archivos secretos soviéticos demuestran que el oro del banco de España nunca fue a Moscú, nunca salió de Madrid. El Oro de Moscú es una falacia de la dictadura”.

Este tipo de corrección histórica -ni una cosa ni la otra- mezcla en las ucronías lo real y lo ficticio en un instante, a la manera de Cercas. Qué hubiera sido de España si la Guerra (in)civil no se hubiera producido, quien sabe. Y si la hubiera ganado el bando republicano, quién sabe.

En la Sexta lo imaginaron al estilo de los documentales what if de la televisión británica.



Esa pregunta de qué hubiera pasado si... tendría que responderla el camarada Stalin en otra ucronía paralela: quizá hubiera querido ara España una cosa búlgara-yugoslava y en ese plan.
En la Puerta de Alcalá colocaron en tiempos de la Guerra una imagen de Stalin que era el Che Guevara de la época.


Sobre la influencia soviética de aquellos tiempos se ha escrito mucho. Katyn-Paracuellos, por ejemplo, con el jocoso fumador Carrillo de fondo. Los libros de historia son lo de menos. La fuerza de la subjetividad es mayor: la suspensión de la incredulidad cede al adanismo y al voluntarismo del que quiere una historia prêt-à-porter sentado en su butaca.

A todo esto, me queda una sensación de dèja vu. Ya se proclamó la III República en 1999 en una película titulada "La mujer más fea del mundo": Santiago Segura era el presidente de la Tercera, la República torrentiana, que está ¡ambientada en 2011, qué curioso!

"La III neonata" necesita de la ucronía para su nuevo relato (storytelling): la revolución no será televisada: será tuiteada, para ir con los tiempos. Le falta un capítulo, el último golpe de efecto,
epílogo y prólogo de la siguiente entrega. Hay una pieza que encajar: el fin de ETA. Es la piedra angular del edificio, en palabras del arquitecto. Eso de
«no voy a dejar respirar a ETA» que dice el presidente Zetapé suena a "excusatio non petita, accusatio manifesta".

Y recuerden:
"España es un país de sorpresas".

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