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15 de enero de 2008

PATRICIA VERDUGO, IN MEMORIAM

El pasado domingo falleció en Chile la gran periodista Patricia Verdugo, que fue distinguida por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos como “una incansable luchadora por la verdad y la justicia”. Ella fue víctima.

Gracias a sus investigación periodística se conocieron documentos sonoros inéditos sobre el golpe de estado de 1973, que fueron transcritos por primera vez en la revista chilena Análisis y luego publicados en 1998 en el libro 'Interferencia secreta'.

Esa fue la base para un reportaje que elaboré en mis años de universidad, como alumno en la distancia que fui de esta maestra del periodismo: 'Las últimas horas de Salvador Allende'.



Segunda parte del reportaje.


Patricia Verdugo, In Memoriam. Requiem in pace.

6 de agosto de 2007

BORGES, EL PALABRISTA (I)

"En épocas importantes para la humanidad -la cultura griega no es nada despreciable- no había periódicos. Y no creo que Platón fuera inferior a un vespertino... Yo no he leído un periódico en toda mi vida. En un diario, por lo general, se escriben noticias , desde luego, tontas. ¿Qué importa que un ministro viaje o no? De las cosas realmente importantes uno se entera de igual modo (...) No se puede saber de antemando cuáles son los hechos trascendentales de cada día".

Borges, el Palabrista. Esteban Peicovich. Ediciones libertarias. 1980.


¿Qué importa que un ministro viaje o que corte una cinta de inauguración y coma canapés?
¿Es noticia que Paquirrín se bañe en la playa?
¿Son noticia las ocurrencias del Presidente Rodríguez?
¿Es informativamente relevante que un grupo de presión se vuelva más irredento?
¿Es noticia que Canal Sur hable de alguna "iniciativa" de la Junta de Andalucía?

Somos considerados consumidores de información, pero la atribución psicológica de los medios de masas ha transformado la realidad en un invento artificial que nos repite las consignas del aburrimiento. Grados y modos de propaganda.

8 de octubre de 2006

UN VASITO DE COCA-COLA




Seis de julio de 2006. Recién llegado a Santo Domingo, aún estaba adaptando mis horarios a la nueva situación, cuando tuve la oportunidad de acompañar a un equipo de Teleantillas Canal 2 al barrio de Los Guandules, arrabal capitaleño, donde se disponían a grabar imágenes y testimonios para un reportaje sobre los canillitas, esos niños que trabajan en las calles.

El cámara aparcó el coche frente a un centro jesuita y desde ahí comenzamos a caminar por la avenida principal de barrio, todo eran imágenes nuevas, sorprendentes, vivir un reportaje en segunda persona no estaba en mis cálculos y mientras descubría con la percepción del recién llegado los detalles de cada rostro y de cada esquina, fuimos buscando sobre el asfalto sucio a los protagonistas del reportaje. En la calle principal de Los Guandules había tantos canillitas, esos hijos de la subsistencia amarga.

Los periodistas hacían su trabajo ante la observación de mucha gente, había llegado la tele y muchas personas se mostraban hospitalarias en esa situación. Yo seguía siendo testigo con mis ojos y mi cámara de ese momento singular, lleno de la dignidad que la pobreza ofrece cuando se la observa de imprevisto. Las mercancías se mezclaban con los vendedores y con el suelo insalubre, ante la lente abierta de la cámara y las preguntas de la periodista.

Caminamos luego guiados por un canillita por las calles adyacentes, entre infraviviendas perdidas en las esquinas del subdesarrollo. Allí descubrimos en sus tareas a la madre de una canillita, una señora que vivía con sus cinco hijos bajo el techo monoparental de esa vivienda mínima. Aparecieron poco a poco los otros niños, edades escalonadas y cercanas, llegaron otros niños vecinos mientras se grababan imágenes y testimonios del reportaje. La abuela de los niños andaba por allí ofreciendo facilidades para los visitantes, dando gracias por la visita y recomendando los mejores lugares de sombra de toda la calle. La entrevista continuó entre tinajas de agua y espuma y ropas tendidos, se grabaron imágenes en la vivienda y de todos sus detalles con el rigor y mucho respeto. La abuela de los niños acompañó a los periodistas hacia una puerta de madera contigua, y luego desapareció durante cinco o diez minutos.



De nuevo apareció doblando la esquina con una botella de coca-cola fría recién comprada y unos vasos de plástico para los visitantes.
- Un vasito de coca-cola, ustedes están trabajando y pasando calor.
- ¡Ay, señora! Muchas gracias.

Sacié mi sed con la gratitud más humana que podía ofrecer en ese momento. De estas experiencias nacen sentimientos que se elevan sobre los simbolismos.