10 de agosto de 2008

"SI VAS CON MIEDO, NO VIVES"


· José, de Albolote, sobrevivió a un atentado de ETA en 1980 en La Rioja.

· El terrorista que organizó ese atentado está preso en el penal de Albolote.

· Vivió en el cuartel de Intxaurrondo en los 80, “años de plomo” de ETA.



Por Francisco J. Navarro

El 22 de julio de 1980 ETA colocó diez bombas al paso de un convoy de la Guardia Civil en Villamediana de Iregua, muy cerca de Logroño. A las nueve y dos minutos explotaron tres de los artefactos que contenían 15 kilos de goma dos, amonal y metralla. La explosión causó la muerte del teniente Francisco López Bescos, de 48 años, que falleció cuando ingresaba en un centro médico. Otros dos agentes fueron heridos de gravedad y más de treinta, leves y contusionados, todos ellos ocupantes del mismo vehículo.


La noticia que da El País al día siguiente, firmada por Fermín Goñi, habla de "un fallo en la activación de los mecanismos de explosión" que evitó "una catástrofe en las cercanías de Logroño". Por entonces José, natural de Albolote, era un guardia civil de 37 años que viajaba en uno de los dos primeros autobuses que formaban parte del convoy. Apenas habían recorrido tres kilómetros desde Logroño hasta Villamediana por la carretera local 601 antes de tomar el "llamado Camino Real" junto a una fábrica de yesos y escayolas en un paraje llamado "Santa María".


José recuerda con precisión lo que sucedió aquel día: "eran tres autobuses los que íbamos a hacer las prácticas, y un Land Rover por delante haciendo de escolta. Un autobús con trabajadores que construían aquella autopista se coló entre los autobuses antes de que los etarras accionaran la bomba". Los etarras observaron esta coyuntura desde la distancia y decidieron no explosionar la mitad de las bombas para no afectar al vehículo de trabajadores. "Querían matar a miembros del cuerpo y no a civiles", ratifica José.



Este autobús con trabajadores que se coló entre el convoy no aparece en la información de El País al día siguiente, ni tampoco en La Nueva Rioja. Sin embargo, la noticia atribuye que las bombas no estallaran a "un fallo en la activación de los mecanismos de explosión evitó una catástrofe en las cercanías de Logroño". Asímismo, el archivo de acciones terroristas de la Guardia Civil lo achaca a "un fallo en la activación de los mecanismos de deflagración". La Nueva Rioja señaló, simplemente, que "otras siete cargas de explosivos no se activaron".


Los explosivos estaban compuestos por diez cargas colocados "en una distancia de 50 metros" ocultos bajo tierra y piedras en un talud lateral junto al camino de obra que debían tomar, a poca velocidad, para llegar al tramo de la autopista donde realizarían las prácticas de control de carretera. Cada una de las cargas explosivas estaba compuesta por 5 kilos de goma dos y amonal, más "abundante metralla" formada por tuercas y piezas de hierro. La metralla fue la causante de las heridas mortales al teniente López Bescos. En total fueron accionadas a distancia tres de las cargas, aproximadamente 15 kilos de explosivos.



Como consecuencia de la explosión, resultó alcanzado por la metralla el teniente Francisco López Bescos (q.e.p.d.), natural de Berbegal (Huesca). Viajaba en la parte delantera del autobús junto al conductor y falleció a los pocos minutos de ingresar en la Policlínica Clavijo de Logroño, adonde llegó tras haber perdido gran parte de la masa cerebral debido a un "shock hemorrágico ocasionado por heridas en el cuello y en la región temporal derecha".


Tenía 48 años y estaba destinado temporalmente en Logroño, ya que pertenecía a la Academia Fiscal de la Guardia Civil de Sabadell, donde residía. El sargento Rafael Ruíz Ruíz y el guardia Sebastián Fernández Macías fueron trasladados con urgencia hasta la residencia sanitaria de la Seguridad Social de Logroño, donde presentaron pronóstico muy grave.

Otros seis guardias civiles resultaron con heridas contusas, de pronóstico menos grave, si bien quedaron ingresados en la residencia de la Seguridad Social de la capital riojana. Veinticuatro agentes fueron atendidos por heridas de diversa consideración sin necesidad de ingreso hospitalario.


Mientras ETA mataba a miembros de la policía, del Ejército o de la Guardia Civil, había por entonces algo de "normalidad" implícita, aceptada socialmente, una especie de tributo de sangre que la democracia tenía que pagar por los años del franquismo. Domingo Álvarez Ruíz de Viñaspre, senador de UCD por La Rioja en la I Legislatura se refirió con resignación al terrorismo como una "pesada carga que lleva aparejado nuestro camino democrático".


El periodista Arcadi Espada, veinte años después, analizó así la actitud social de aquel momento ante el terrorismo: "Una de las flaquezas de la lucha contra el terror fue la relativa naturalidad con que los medios de comunicación dieron cuenta del goteo de muertes de finales de los años setenta y principios de los ochenta, aquella época en que asesinaban a un hombre cada sesenta horas1". En 1980 ETA asesinó a 101 personas.


Pudieron ser más los heridos y los fallecidos. El convoy de la Guardia Civil que llevaba a 120 agentes procedentes de las guarniciones de Andalucía y Cataluña. Para acceder desde el camino de obra paralelo al puente de la A-68, autopista del Ebro, por entonces en construcción, "había una pequeña rampa que obligaba a los vehículos a reducir la velocidad". Esta lentitud obligada había sido observada por los terroristas varios días antes como una circunstancia que permitiría atacar a un objetivo fácil, casi inmóvil. Era la quinta salida que hacía el convoy hacia ese mismo lugar para realizar las prácticas, y todo estaba preparado para un asesinato en masa.



Pero el autobús de los trabajadores disuadió a los terroristas de causar más daño. Querían más muertos y que fueran de la Benemérita. “La violencia terrorista prescinde de la identidad real de la víctima y sólo se muestra atenta a su función simbólica. ETA asesina guardias civiles por serlo, con independencia de su nombre y circunstancia2”.


Así lo recuerda José, por entonces concentrado en la segunda compañía móvil, con base en Logroño. "Yo iba en uno de dos primeros autobuses que atravesaron la vía de servicio, luego pasó el de los trabajadores y fue al paso del tercer autobús cuando explotaron los tres artefactos que alcanzaron de lleno al vehículo".


Los dos primeros autobuses quedaron indemnes; en el primero de ellos viajaba José, que recuerda aquellos momentos con precisión: "tras la explosión hubo un gran tumulto, ruido de voces, gritos, imagínate... algunos agentes salieron a ver si veían alguien en los alrededores de lugar del atentado, pero no encontraron a nadie". La Nueva Rioja lo confirma: "Nada más producirse el atentado, se realizó un detenido rastreo por los parajes. Por un tiempo estuvo detenida la circulación, mientras se inspeccionaban los lugares al mismo tiempo que no se permitía la entrada a curiosos. (...) Incluso guardias de los dos autobuses que iban en el convoy tomaron parte en esa batida por el terreno".



Añadía el diario riojano: "La zona tiene gran visibilidad con un montículo a unos trescientos metros del lugar del atentado, desde donde podrían haber activado los explosivos". “Luego se supo -dice José- que había una casetilla desde donde accionaron los explosivos”.


Horas más tarde del atentado, entre las 11.24 y 11.35 de esa misma mañana, los artificieros de la Benemérita explotaron el resto de cordón detonante y los explosivos que no habían sido accionados. Los guardias fueron desplazados a la distancia de seguridad de doscientos metros: "desde allí se veían cómo saltaban las piedras a más de diez metros de altura", recuerda José.


Comunicado

En la tarde del día siguiente, ETA militar reivindicó la autoría del atentado con un comunicado. En 1980 ETA estaba dividida en dos, la rama militar y la político-militar, y ambas organizaciones terroristas se hacían la competencia para no sólo para extender el miedo con asesinatos políticos, sino también para amplificar su propaganda, sabedores de que es herramienta eficaz para sus fines terroristas.


ETA militar añadió, en el mismo comunicado, "que de seguir la intensa actividad policial desarrollada actualmente en el País Vasco la organización responderá, si es preciso, con fórmulas de combate desconocidas hasta ahora [1980]". La publicity que le ofrecen inconscientemente los medios de comunicación representan un "acto involuntario de propaganda terrorista3" para extender sus amenazas. Éstas son concretas contra ciertas personas e instituciones, pero imprecisas en el modo de ejecución para crear miedo exactamente con su especialidad: el asesinato político.


El vacío moral existente en aquellos "años de plomo" permitía a los grupos terroristas dominar el escenario mediático con atentados y comunicados. Un muerto sucedía a otro muerto, pocos días después. "De alguna manera, el asesinato político empezó a no ser noticia en España: yo he visto colarse en esos años a un cadáver por el sumidero de un breve y he visto también cómo los propios periodistas interiorizaban inconscientemente las razones de los asesinos, insinuando que algo habrían hecho los cadáveres4".


En el mismo día del atentado la rama político-militar de ETA anunciaba "la colocación de bombas en el sur de Gran Canaria y en un complejo turístico de la provincia de Cádiz". "Cuando el periodismo muestra lo que dicen los terroristas, aunque sea por boca de sus víctimas sometidas a secuestro y tortura, y no lo que hacen. Periodismo de declaraciones. Es decir, propaganda. Es decir, terrorismo5".


Incluso en las sutilezas y eufemismos cotidianos se esconde la maldad intrínseca de los terroristas y sus portavoces: Otegi llamó a ETA la “persuasión armada6”.


Dada la competencia propagandística entre bandas terroristas, un comunicante anónimo quiso reivindicar el atentando para los GRAPO a través de una llamada telefónica a la delegación de Logroño del diario "La Gaceta del Norte".


Sin embargo, las primeras investigaciones policiales a última hora del 22 de julio apuntaban a la organización terrorista ETA como posible autora del atentado: "por la cantidad de explosivo utilizado en la técnica de accionarlo a distancia y el procedimiento de la metralla mediante tornillos y tuercas apuntan con bastante probabilidad a la organización ETA".


Entre las reacciones tras el atentado, aparece en La Nueva Rioja bajo el título "Opiniones de los políticos riojanos" una declaración del secretario general de Alianza Popular en la Rioja, José María Aznar, dieciséis años antes de ser proclamado presidente del gobierno de España. Aznar proclamó entonces que "en materia de terrorismo ya había pasado la hora de los comunicados y las palabras", y entonces, como ahora, "consideraba que había que acabar de una vez por todas con el terrorismo, y que todos conocían los medios". Aznar expresó además "su total solidaridad con la Guardia Civil".


El tratamiento informativo que recibió el atentando en aquel año 1980 es bien distinto al que recibiría hoy. La Nueva Rioja tituló a cinco columnas "El terrorismo llega a La Rioja", puesto que ése fue el primer atentado en la región fronteriza con el País Vasco. Se convocó para la tarde siguiente una "marcha silenciosa" con "carácter apartidista". Las declaraciones se sucedieron con la repulsa como denominador común: Federación de empresarios, Cámara de Comercio, UGT y CC.OO., distintos partidos políticos.

El director de la Guardia Civil por entonces, José Aramburu Topete, concedió una entrevista a La Nueva Rioja, horas más tarde del atentado donde afirmó: "se están realizando ya las investigaciones oportunas para identificar y detener a los autores del atentado". Añadió: "los perseguiremos hasta donde estén, y si es posible, paguen lo que han hecho". Ese "y si es posible", tan apocado, fue pronunciado por el director de la Guardia Civil cuando permanecía en vigor el código penal de 1973, aprobado por las Cortes franquistas, y que sin embargo, tan garantista era para los delitos de terrorismo.


Funeral

Al día siguiente del atentado, se celebró en Logroño el funeral por el teniente López Bescos en el patio de la Segunda Comandancia de la Guardia Civil de Logroño. Se instaló una capilla ardiente al aire libre donde tuvo lugar el acto religioso con la presencia de la viuda del teniente finado, Pilar Fondón y sus cinco hijos. La representación oficial estaba encabezada por el ministro del interior, Juan José Rosón y por el general Aramburu Topete, director de la Guardia Civil, además de otras autoridades civiles, políticas y militares.


Cuenta La Nueva Rioja que "al finalizar el acto religioso, el ministro se acercó a la viuda, que le pedía justicia, a lo que Rosón respondió con palabras de resignación". Esa resignación era parte de "las tragaderas7" que se habían desarrollado para soportar los embates del terrorismo.

Poco después, al abandonar el patio, algunos guardias gritaron "tres, sólo tres" haciendo referencia a los meses de permanencia en comisión de servicio en el País Vasco. Los ciento veinte guardias que viajaban en el convoy atacado estaban siendo preparados para cumplir su servicio de quince meses en el País Vasco. Ese mismo día cuatro agentes solicitaron la baja en el Cuerpo y les fue aceptada inmediatamente, tal y como comentó Aramburu Topete.


José recuerda que hubo varios guardias que "fueron expulsados del Cuerpo porque no querían ir al País Vasco". Al ser preguntado el director de la Benemérita por este hecho en una entrevista, respondió: "El que tenga miedo no debe estar en la Guardia Civil".


El propio ministro Rosón tuvo que escuchar gritos contra su persona, que se extendieron en contra del presidente Suárez y contra la banda terrorista ETA. Aquel momento le trae a la memoria José una situación difícil: "había un malestar evidente, había mucha tensión en esos momentos. Por eso, tras el funeral nos dieron varios días de permiso para que no fuéramos [los guardias civiles] a la manifestación que iba a tener lugar al día siguiente, para que no abuchearan de nuevo al ministro Rosón".


Un día después del funeral, cuatro mil personas se manifestaron en Logroño contra el terrorismo bajo el lema «democracia, sí; terrorismo, no», una declaración de principios que refleja cierta ingenuidad en aquella etapa.


La Nueva Rioja, en la crónica del funeral, refleja algunas de los gritos en presencia del ministro. "¿Hasta cuándo hemos de aguantar esto?", "A casa el ministro". "A ellos, a los políticos, es a los que tenían que matar". Ésta última frase suena en boca de José, como en la de tantos guardias que vivieron los años 80 en el Instituto Armado: "Cuando los políticos empezaron a ser las víctimas de los atentados, fue cuando realmente se empezaron a preocupar por el terrorismo".


Autores

Apenas una semana después de acto terrorista, el uno de agosto de 1980, fue detenido el presunto jefe de un comando información de ETA militar. De él salió la información a la dirección de la banda terrorista sobre el movimiento de efectivos de la Guardia Civil en la provincia de Logroño: la información llegó directamente a la ETA Militar que se la proporcionó a los ejecutores del atentado.


Dos días más tarde, el diario El País informó de que "el joven Manuel María Pastor también ha sido puesto a disposición del Juzgado Central de la Audiencia Nacional, acusado de pertenecer a ETA Militar y de haber facilitado a esta organización los datos que le permitieron preparar el atentado contra un autobús de la Guardia Civil el 22 de julio". Actualmente Manuel María Pastor regenta un negocio de fontanería en Tolosa (Guipúzcoa).


El seis de agosto de 1980, El País informa de la detención de tres personas en Navarra, de las que uno de ellos, Iosu Goyeneche, fue puesto en libertad por la Audiencia Nacional tras ser acusado por la policía de mantener presuntas relaciones con comandos de ETAm. Goyeneche, que cumplía en esos momentos el servicio militar en Logroño, había sido detenido por su posible participación en el atentado perpetrado en Villamediana de Iregua.


"La información salió del cuartel de infantería de Logroño", evoca José. "De los 120 guardias en prácticas, un grupo estaba alojado en el Cuartel Móvil de la Guardia Civil y otro en Infantería de Logroño. Luego se supo que ETA obtuvo la información ahí, donde convivían los números en prácticas y los soldados que hacían el servicio militar". Recuerda que un tiempo después, en 1981, al pasar junto al pasillo de los calabozos, otro compañero del cuerpo le comentó a José: "ahí está el que dio el chivatazo para el atentado". José no lo pudo ver, no supo de su identidad exactamente porque los presos de ETA eran tratados con la máxima cautela.


El archivo en línea de la Guardia Civil señala que "por la forma de proceder y el material utilizado" el atentado fue idea de Isidro María Garalde Bedialauneta, alias Mamarru, desplazado a tal efecto al lugar junto con otros miembros de su mismo talde (comando).


Mamarru tiene un gran conocimiento en el uso de explosivos, tanto es así, que en 1982 él fue quién elaboró el sistema de iniciación de la bomba para el atentado en la plaza de la República Dominicana en Madrid, en el que también participó el sanguinario De Juana Chaos. Murieron doce personas.

En 1981 se capturaron a dos participantes más del atentado de Villamediana: Isidro Etxabe Urrestrilla, Zumai, y José Arregui Izaguirre, Usurbil, entonces integrados en el comando de ETAm que operaba en Madrid. Otros miembros del grupo de ETA que participaron en el atentado de Villamediana fueron Juan Lorenzo Lasa Michelena, José María Bereciartúa Etxarri, Juan Miguel Soares Gamboa, y José Andrés Izaguirre Gogorza, que murió en un control de la Guardia Civil en Rentaría en 1981.

En 1996 el terrorista arrepentido Soares Gamboa declaró ante un juez de la Audiencia Nacional que alquiló un piso franco en Logroño en 1980 donde alojó a un comando de ETA, que preparó y ejecutó el atentado de Villamediana. Soares también facilitó a los etarras "palas para que escondieran el explosivo". Por ese caso, Soares Gamboa fue condenado como cómplice a un total de 208 años y cuatro meses de prisión.

En 1984, cuatro años después del atentado, fue detenido por primera vez el terrorista Isidro María Garalde Bedialauneta, Mamarru. En la figura de este terrorista de nacionalidad española y también francesa por matrimonio, se evidencian las precarias condiciones en las que el Estado luchaba contra el terrorismo de ETA en los primeros años de democracia. Fue detenido tres veces entre 1984 y 1990, todas en Francia, y no fue hasta la última detención cuando definitivamente el Estado de derecho ha podido juzgarlo en España por sus actividades terroristas.

La lucha contra ETA desde la Transición hasta bien entrados los años 80 no contó con apoyo decidido del gobierno francés. Entre 1974 y 1981 gobernó en el Elíseo Valery Giscard D'Estaign, que manifestó una tremenda altivez, cuando no desprecio, en sus relaciones con el vecino del sur. “La momia francesa”, como lo llamó Carlos Herrera, mantuvo la consideración de “refugiados políticos” a los terroristas que actuaban en España y luego escapaban a Francia. La escasa cooperación de las autoridades galas permitió a ETA moverse a sus anchas en el país vecino.


Pocos días antes de ser elegido presidente, “François Mitterrand prometía solemnemente oponerse, de llegar al Elíseo, a la extradición de supuestos terroristas etarras detenidos en Francia y restablecer el estatuto del refugiado político para personas huidas del País Vasco español”.


Mitterrand no cumplió su promesa: en junio de 1981, el Tribunal de Apelación de París consideró procedente, por primera vez, la entrega de Tomás Linaza Etxevarría, Pello Lemona, acusado del asesinato de seis guardias civiles. Sin embargo, no fue hasta septiembre de 1984 cuando llegaron a Madrid los primeros etarras expulsados.


La desconfianza de Francia hacia España tenía que ver con los posibles rezagos del franquismo en la incipiente democracia ibérica. Y también con otro asunto espinoso: los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), que operaban en Francia.


No fue hasta 1994 cuando la justicia francesa comenzó a considerar la militancia en ETA como algo distinto a una “infracción política” y así se inició la aplicación del Convenio Europeo contra los terroristas de ETA.


Pero no fue un camino fácil: las autoridades francesas aplicaron deportaciones a terceros países de África o América a la vez que entregaban a España otros etarras de menor peso jerárquico.


Cuando fue detenido por primera vez, en 1984, Mamarru tenía una doble función en ETA militar según la estructura obtenida por las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) en junio de 1984 tras la detención de Zabarte Arregui. Formaba parte de la Biltzar Txikia, la pequeña asamblea. “En las antiguas estructuras de ETA militar agrupaba en una “asamblea restringida, donde acudían los miembros de la dirección de la banda los responsables de los distintos aparatos y los responsables de los 4 herrialdes (las tres provincias vascas y Navarra).8


Mamarru simultaneaba su cargo ejecutivo en la asamblea restringida de ETA militar con la dirección logística y de cursillos, es decir, organizaba el transporte y distribución del armamento de los etarras en el sur de Francia y además era el encargado del entrenamiento de los comandos legales (no fichados por la policía).



En aquellos momentos, Isidro Garalde “estaba considerado como muy próximo al jefe militar de la organización, Domingo Iturbe Abasolo, alias Txomin”. El País analizó su trayectoria en ETA en un reportaje perfil titulado ‘Un hombre de la confianza del líder’, que fue redactado por Genoveva Gastaminza con un lenguaje tan candoroso como incauto. "La identificación objetiva del asesino de su descripción errónea como una especie de héroe con causa9”.


La mención de Garalde como “compañero de fatigas” de Zabarte Arregui, o su mera calificación de “histórico” -¿a qué historia se referirán?- muestran la distinta actitud ante el terrorismo en los ochenta de los plumillas. “Si una cierta melancolía antifranquista no hubiera estado en el fondo de la descripción y el enjuiciamiento de muchos crímenes, tal vez la movilización social frente al terror habría llegado antes10".


Mamarru fue condenado a una pena de cuatro meses de cárcel en Francia por posesión ilegal de armas, pero no por un delito de terrorismo. “Según confesó al juez, usaba este arma para defenderse ante un posible atentado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL)”.

El amplio conocimiento de las triquiñuelas legales para escapar de la justicia francesa, tan aletargada por entonces, permitió al terrorista permanecer de forma legal en el sur de Francia: “Sobre Garalde pesaba una orden de prohibición de residencia en los nueve departamentos franceses próximos a España, aunque hasta la fecha de su detención no se le había comunicado la misma por un fallo administrativo”. Un fallo administrativo permitía a un terrorista seguir con impunidad su tarea de planificar más asesinatos.


Cuando Mamarru iba a ser deportado a las islas Seychelles, en octubre de 1984, una huelga retrasó la expulsión de Francia del dirigente terrorista. Dos días antes el diario El País ya daba por hecho su expulsión de Francia “con destino a un país no determinado de África, al parecer situado en el Océano Indico”. Sin embargo, un mes más tarde, el mismo diario anunció que Francia buscaba un país dispuesto a acoger etarras expulsados. “Las autoridades de las islas Seychelles se han negado definitivamente a admitir a Isidro Garalde, Mamarru”.


De nuevo libre en Francia en diciembre de 1984, las autoridades galas le fijaron un lugar obligatorio de residencia. No lo cumplió y dos meses más tarde la policía francesa lo volvió a detener cerca de Bayona. Este francés nacido en Ondárroa, escapó de nuevo escapó en agosto de 1985 del control especial de la policía francesa, según una nota de El País, pero esta información fue desmentida al día siguiente por el diario Egin. Según aseguraba ayer el mencionado periódico, Mamarru permanecía encarcelado en la prisión de Bayona (Francia).

Por ese tiempo, ya había dejado su lugar como encargado de logística y cursillos a Aguirre Erostarbe, Fiti, ante el temor de nuevas detenciones. En la estructura de ETA militar desmantelada por las FSE tras la operación Sokoa, Mamarru ocupaba el aparato económico-logístico junto a José Ramón Sagarzazu, Txempelar.


Aparte de estos cargos, Mamarru perteneció al quinto comité ejecutivo de la banda terrorista, entre 1977 y 1992 en la rama militar, es decir, conservando la información y participando junto con los bereziak en el aparato logístico, relaciones internacionales y los comandos legales.

Juzgado junto con Lasa Mitxelena, Txikierdi, ambos fueron condenados en Francia a siete años de cárcel por “constituir una asociación de malhechores". Fue la primera vez en que un fiscal francés acusó formalmente a ETA militar de este delito durante un juicio.

En 1989 el nombre de Mamarru aparece en las negociaciones de Argel entre el gobierno de Felipe González y ETA. La banda terrorista quiso incorporar a la mesa de negociación a José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, Txikierdi, e Isidro Garalde, Mamarru, que junto con Eugenio Etxebeste, Antxon, José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, y Francisco Mugika Garmendia, Artapalo, conforman la más alta dirección de ETA.

El gobierno no accede y este hecho frustra las negociaciones jazarinas, quizá mal llamadas entonces -y ahora- “negociaciones de paz”. “Es cierto que lo contrario de la guerra es la paz. Pero lo contrario del terrorismo no es la paz. Es la Ley11".

El periplo de Garalde continuó en 1990 con su excarcelación a comienzos de año y su posterior confinamiento en la ciudad de Gueret. Tuvo que ser detenido por tercera vez, y última hasta ahora, en Douai, cerca de la frontera con Bélgica. La detención de Isidro Garalde había sido solicitada por el juez Carlos Dívar, actualmente presidente del Consejo General del Poder Judicial, a través de una orden internacional de busca y captura.

Pero no fue hasta dos años después cuando la justicia francesa entregó a Mamarru para ser juzgado en España por su participación en varios atentados como “cooperador necesario” al haber entrenado e instruido a otros miembros de la banda.

La falta de sintonía, y por tanto de reciprocidad, entre los gobiernos de España y Francia en materia antiterrorista se manifestó en el ínterin: Corcuera se pregunta por qué debe entregar al gal Mendaille si Francia no envía al etarra Mamarru. La desconfianza entre ambos ejecutivos representaba un lastre para la cooperación contra ETA.

Encarcelado

Tras su extradición a España, 8 después de su primera detención, en 1993 fue juzgado y condenado a 149 años de prisión de los que cumplirá 30, si se cumplen los plazos íntegramente, hasta abril de 2020.

Mamarru ha pasado por distintas cárceles en la península y actualmente está internado –vaya coincidencia- en el penal de Albolote.

En 2006, mientras cumplía condena, sufrió un infarto que le obligó a ser trasladado al hospital Virgen de las Nieves de la capital granadina, donde fue atendido en la UCI. Miembros de los servicios médicos de la cárcel comunicaron su ingreso a la familia de Garalde, que tiene esposa y una hija. A la mañana siguiente del infartole fue practicada una prueba de cateterismo, y los facultativos explicaron que el alto grado de colesterol del prisionero ha derivado en la rotura de la capa central que rodea su corazón.

El trato ofrecido por el Servicio Andaluz de Salud dista mucho de la preocupación por las víctimas mortales que causó Mamarru.

En 2004, la Cadena SER informó de una carta enviada a la dirección de la banda terrorista por seis históricos miembros de ETA, y ratificada por más de 100 presos etarras, para pedir el abandono de la lucha armada.

Mamarru, junto con otros miembros encarcelados de la banda se posicionó en contra del abandono de las armas, esto es, a favor de seguir asesinando como forma de lograr fines políticos. La noticia que ofreció ABC en esas mismas fechas fue más ambigua en la postura de Mamarru, como la de otros etarras, que “tampoco se han opuesto” a la renuncia de la armas.

En su ficha como prisionero que muestra la web de apoyo a presos de ETA, Garalde está conceptuado como kideekin en el campo “situación actual”, es decir, apoya las acciones terroristas de ETA.


Intxaurrondo:

Poco tiempo después del atentado de Villamediana, José fue destinado "como concentrado" en el cuartel de Intxaurrondo, en San Sebastián. Era 1980, un año que finalizó con 101 muertos con el sello terrorista de ETA. Su misión allí era hacer guardias, principalmente, y controlar los explosivos.


Coincidió en el tiempo con el general Rodríguez Galindo, aunque no lo conoció personalmente aunque Galindo tenía orígenes granadinos. "Galindo ha salvado muchas vidas en el País Vasco", añade José con aprecio. Cuenta la anécdota de que acompañó a la empresa de mudanzas que le subió los muebles a su casa.


Recuerda José que “casi todos los guardias eran andaluces”. Él, por entonces, tenía 37 años y más experiencia que la mayoría de guardias que llegaba de nuevas al País Vasco: "Lo vías llegar como borreguicos". Por entonces, su madre, la chacha Leonarda no quería que se hablase en casa que su Joselito estaba en el País Vasco. Era un tema tabú. En eso consiste el miedo, exactamente.


“Pero si vas con miedo, entonces no vives”.


“En Intxaurrondo había de muchas amenazas de bomba, casi todos los días, siempre para tenerlos tensos psicológicamente. Se escuchaban gritos desde los pisos contiguos a Intxaurrondo, incluso se oían ráfagas de tiros en el silencio de la noche”. En el cuartel se socializaban los guardias civiles y sus familias: allí tenían todos los servicios, escuelas, pistas deportivas, bares… todo preparado para no tener que salir de allí.


“Y a las doce de la noche, todos encerrados en el cuartel”. Si algún guardia se ausentaba a esa hora sin dar aviso, no era buena señal. Algunos miembros del cuerpo salían por San Sebastián y volvían pasadas las doce, sin impedimentos. En la calle con la población civil no había problema –evoca José-, pero los guardias civiles eran muy cautos en general”. “Hasta para llevar los niños al colegio fuera del cuartel, tenían que ir de paisano y escoltados con coches”.


“Cuando el golpe de estado del 23-F todo se paralizó ese día: a partir de entonces, se vivió tranquilamente en Intxaurrondo. Hubo calma y tranquilidad, incluso nos permitieron quitarnos el casco –era obligatorio en ese momento- para hacer el servicio”. De los 101 muertos a mano de ETA en el año 1980 se pasó a 31 muertos en 1981.


A principios de los años 80, José tenía la sensación de que la Guardia Civil "no pintaba nada allí. La Ertzaintza (policía autonómica vasca) empezaba a asumir sus funciones. La Guardia Civil, era en esos momentos, la única señal de que España existía”.


Como otros guardias, José tenía la impresión de que “los políticos hablaban mucho, pero no hacían nada contra ETA”. Y surge automáticamente esa frase, tan repetida en boca de guardias civiles: "los políticos no se empezaron a preocupar realmente por el terrorismo hasta que no fueron ellos el objetivo de los terroristas".


José no comprende la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación): "Había guardias civiles muy patriotas y muy bien preparados para la lucha antiterrorista. Sin embargo, los GAL eran mercenarios, pagados con dinero público". "Si en lugar del GAL hubieran preparado un buen cuerpo de inteligencia, hubiera costado menos dinero y no se hubiera perdido el tiempo".


Pero ha pasado el tiempo y ETA sigue matando y extorsionando.


José conoció en un control de carreteras a un paisano granadino, originario de un pueblo cercano al pantano de los Bermejales, y un día quedaron para tomar café. El oriundo afincado en el País Vasco desde tiempo atrás le decía a José: "Aquí no se puede hablar con nadie de la Guardia Civil, en seguida te controlaban y te llamaban chivato automáticamente".


ETA manejaba el estilo de Sendero Luminoso: "El partido [ETA] tiene mil ojos y mil oídos12". Aún hoy los tiene.


La rueda sangrienta del terrorismo sigue girando.



Bibliografía utilizada.

1 ARCADI ESPADA, Discurso de aceptación del Premio Cerecedo, 20 de noviembre de 2000.

2 ARCADI ESPADA, en el artículo “Degeneradas” publicado en El Mundo el 25 de enero de 2008.

3 ARCADI ESPADA, en el artículo “Propaganda” publicado en El Mundo el 3 de agosto de 2007.

4 ARCADI ESPADA, Discurso de aceptación del Premio Cerecedo, 20 de noviembre de 2000.

5 ARCADI ESPADA, en el artículo “4849” publicado en El Mundo el 2 de marzo de 2005.

6 SANTIAGO GONZÁLEZ, en el artículo “Melodía de seducción” publicado en El Correo, 27 de febrero de 2007.

7 FERNANDO IWASAKI, en el artículo “Del mismo Bilbao” publicado en ABC de Sevilla, 10 de septiembre de 2006.

8 ENRIQUE RODRIGUEZ GALINDO, en el libro “Mi lucha contra ETA” publicado en 2006 por la editorial Planeta, anexo I.

9 LOURDES PÉREZ, en el artículo "Terrorismo, información y propaganda" publicado en Cuadernos de periodistas, diciembre de 2007.

10 ARCADI ESPADA, Discurso de aceptación del Premio Cerecedo, 20 de noviembre de 2000.

11 ARCADI ESPADA, en el libro “El terrorismo y sus etiquetas” publicado en 2006 por la editorial Planeta.

11 SANTIAGO RONCAGLIOLO, en el libro “La cuarta espada” publicado en 2007 por la editorial Debate, página 116.

6 comentarios:

Esther dijo...

De todo esto me acuerdo con esa canción del cantautista, que diga, cantautor Ismael Serrano, que dice: "Mi vida no hay derecho a salir con miedo a la calle...". Tantos años de cambiar recorridos al trabajo, al colegio... tantos años de mirar los bajos del coche... tantos años de miedo. No se puede vivir con miedo, pero es inevitable sentirlo, porque no se entiende el por qué de lo que hacen y cómo lo hacen. Un beso

Anónimo dijo...

quería hacer una pequeña anotación a lo que dice el señor José, si la cabeza no me falla Intxaurrondo no se habitó hasta el año 82 u 83, anteriormente a esta fecha vivíamos en el Paseo De Heriz. Y por favor no sea tan exagerado con que se escuchaban tiros y entre otras cosas que como usted hay mucha gente que se apunta al carro, basta ya. soy la hija de un guardia civil nacida y criada en san sebastián sito (Intxaurrondo)

Anónimo dijo...

Al comentario anónimo, en el año 1980, sí funcionaba el Acuartelamiento de Intxaurrondo. Porque yo precisamente estaba destinado en Bilbao, y cuando subía desde andalucía, acercaba a un compañero a ese acuartelamiento.

Anónimo dijo...

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Jesús dijo...

Ante todo disculpas.
El anónimo que escribe y dice ciertas cosas,no tiene ni idea de lo que es vivir y estar ,(NO VOY A COMENZAR UNA HISTORIA QUE ESTA ESCRITA,Y QUE HEMOS VIVIDO),ya no solo en Intxaurrondo,es o son todas las situaciones vividas en "PAIS VASCO".El anónimo (Que me gustaria que se identificara),me da la sensación de que no tiene ni idea de lo que escribe.
Podemos hablar,debatir,discutir;pero lo que está claro es que no lo puede poner de color vino,encima y seguramente cobrando tú pensión (DEL SUFRIMIENTO DE COMPAÑEROS QUE TE APOLLABAN,Y TÚ ESCONDIDO).
Sin más saludos muy atentos.-
Jesús Heras

Jesús dijo...

Disculpas,queria hacer una "ACLARACÍON".
Lo que escribrí,dije y mencioné.
Me refiero a la Sr/ta que dice que vivio en ese acuatelamiento,(PERSONAS QUE SE JUGARON LA VIDA).
No a los hijos de GUARDIAS,que fueron y se hicieron de lo que sabemos,(LLEVAR LA CONTRARIA A SU P.F.).
Polvorin de Orio,etc...,situaciones dificiles y complicadas las cuales no voy a descubrir ni por supuesto a relatar.
Lo que me parece mentira, es que los que están cobrando pensiones por el sufrimiento de sus PADRES,HERMANOS,COMPAÑEROS Y AMIGOS,sigan con mentiras y con el,(ERRE que ERRE),siguiendo el juego a los "políticos".-
Si alguien quiere saber la definición de político que me pregunte o que pregunte en la calle.
Sin más saludos muy atentos.-
Jesús Heras